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ENTIENDE MÁS FÁCIL

Imagina que estás bajo un árbol, cuando respiras, inhalas oxígeno y expulsas dióxido de carbono (CO2) al aire. El árbol toma ese CO2 del aire y, usando la luz del sol (fotosíntesis), lo transforma en su propio alimento (azúcares) y en madera. El carbono ahora es parte del árbol. Si te comes una manzana de ese árbol, ese carbono pasa a tu cuerpo y, cuando vuelves a respirar, lo devuelves al aire.

 

¡Es un círculo perfecto!

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La química orgánica está presente en nuestra vida diaria, especialmente en la cocina, que funciona como un laboratorio doméstico donde manipulamos compuestos de carbono constantemente.

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Por ejemplo, el azúcar de mesa está formado por anillos de carbono, hidrógeno y oxígeno; cuando lo calientas en un sartén para hacer flan, el calor rompe y reorganiza esas cadenas, transformando el polvo blanco en un caramelo dorado y espeso mediante una reacción química.​​

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Entre el aceite de cocina y la mantequilla radica en la forma de sus moléculas orgánicas: el aceite es líquido porque sus cadenas de carbono tienen dobleces que les impiden compactarse, mientras que la mantequilla es sólida porque sus cadenas son rectas y se apilan ordenadamente.

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Ahora al freír un huevo, el calor hace que las proteínas de la clara (que son largas cadenas de carbono enrolladas como resortes) se estiren y se enreden entre sí, cambiando la consistencia líquida y transparente por una blanca y sólida.

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 En resumen, cada vez que cocinas, transformas de manera natural la estructura del carbono.

Elaborado por: Nathaly Perez                                  pereznathaly1234@gmail.com                         098 - 371 - 0702

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